San Petersburgo judío
El San Petersburgo judío: la Gran Sinagoga Coral en estilo morisco, la historia de la comunidad en la capital imperial, sus banqueros y filántropos, y cómo vive hoy.
El Hermitage empezó en 1764 con una compra: Catalina II adquirió al comerciante berlinés Johann Gotzkowsky una colección de 317 cuadros. Al final de su reinado, las salas del palacio albergaban ya unos cuatro mil lienzos. Al público no se le admitió hasta 1852, cuando Nicolás I construyó para la colección un edificio propio, el Nuevo Hermitage.
Hoy el complejo museístico son seis edificios comunicados en el malecón del Palacio, 365 salas y unos tres millones de piezas, desde la Edad de Piedra hasta el siglo XX. Si se detuviera usted un minuto ante cada una, el recorrido le llevaría varios años. Por eso al Hermitage conviene entrar con una ruta y con alguien que la conozca.
Nuestra excursión son dos horas y media por el recorrido principal: los interiores de gala del Palacio de Invierno y lo mejor de las colecciones de pintura. Empezamos en la Plaza del Palacio, antes incluso de entrar en el museo, con el relato de cómo se compuso el conjunto de la plaza y qué significó el Palacio de Invierno para la familia imperial.
La Escalera de Jordán — el acceso principal a la parte de gala del palacio: barroco de Rastrelli, oro, espejos, columnas y un techo pintado. Tras el incendio de 1837 la restauró Vasili Stásov, que respetó la idea de su predecesor.
La enfilada de gala — la Sala de los Mariscales de Campo, la Sala de Pedro el Grande, la Sala de los Escudos y la Sala de San Jorge, donde se celebraban ceremonias de Estado y recepciones imperiales.
La Galería Militar de 1812 — más de trescientos retratos de los generales que derrotaron a Napoleón, pintados por George Dawe y su taller.
La Sala del Pabellón del Hermitage Pequeño — arañas de cristal, un suelo de mosaico, vistas al Jardín Colgante y el Reloj del Pavo Real: un autómata mecánico de James Cox, regalo de Potiomkin a Catalina II. Es el único gran autómata del siglo XVIII que ha llegado hasta nosotros en estado de funcionamiento.
Arte italiano — seis siglos de pintura y escultura: la Madonna Benois y la Madonna Litta de Leonardo da Vinci, la Judith de Giorgione, El tañedor de laúd de Caravaggio, obras de Tiziano, Rafael, Veronés y Tiépolo, y el Muchacho en cuclillas, la única escultura de Miguel Ángel en Rusia.
Las Logias de Rafael — copia exacta de la galería vaticana, encargada por Catalina II y reproducida a orillas del Nevá hasta la última escena bíblica de las bóvedas.
Pintura española — una de las mayores colecciones fuera de España: El Greco, Velázquez, Zurbarán, Murillo, Goya.
Los holandeses y Rembrandt — de los pequeños maestros holandeses a la sala de Rembrandt, donde los lienzos tempranos conviven con los retratos tardíos y todo culmina en El regreso del hijo pródigo, una de las obras supremas del museo.
El Hermitage es el caso en que, sin alguien que le lleve, es fácil pasar dos horas yendo de una planta a otra y perderse la mitad de lo importante. El guía le conduce por una ruta contrastada y le cuenta lo que las cartelas del museo no dicen.
Cómo ardió entero el Palacio de Invierno en unos días de diciembre de 1837 y por qué se pudo reconstruir en quince meses. Cómo se sacaron del museo más de un millón de piezas en las primeras semanas de la guerra, mientras en el Leningrado sitiado se guiaban de memoria visitas ante los marcos vacíos. Qué salió de la colección por las casas de subastas occidentales en los años treinta. Y por qué los sótanos del palacio siguen custodiados por gatos, oficialmente en plantilla del museo desde un decreto de la emperatriz Isabel.
La excursión es privada, para un máximo de seis personas: su guía trabaja solo con su grupo y adapta la ruta a sus intereses, de modo que puede demorarse ante sus pintores favoritos, profundizar en la Antigüedad o poner el acento en los interiores palaciegos. Las entradas están incluidas en el precio y entramos sin sumarnos a la cola general. Al terminar la visita puede usted quedarse en las salas y continuar por su cuenta.
La Columna de Alejandro, en la Plaza del Palacio
| Personas | Precio por persona |
|---|---|
| 1 | 120 US$ |
| 2 | 60 US$ |
| 3 | 41 US$ |
| 4 | 33 US$ |
| 5 | 28 US$ |
| 6 | 25 US$ |
| 7 | 22 US$ |
| Personas | Precio por persona |
|---|---|
| 8 | 21 US$ |
| 9 | 19 US$ |
| 10–11 | 18 US$ |
| 12 | 17 US$ |
| 13–15 | 16 US$ |
| 16 | 15 US$ |
El San Petersburgo judío: la Gran Sinagoga Coral en estilo morisco, la historia de la comunidad en la capital imperial, sus banqueros y filántropos, y cómo vive hoy.
Lo esencial de San Petersburgo en tres horas: las plazas del Palacio y del Senado, el Jardín de Verano y el Campo de Marte, la Punta de la Isla Vasílievski y el lugar donde nació la ciudad, contado con historias en vez de fechas.
Una hora por los ríos y canales con su propio guía: la Venecia del Norte desde el agua, los puentes y sus supersticiones, Chizhik-Pyzhik y las inundaciones que rehicieron la ciudad.
A pie por la capital imperial: la Plaza del Palacio, la avenida Nevski y Gostiny Dvor, los patios-pozo tras las fachadas de gala y unos buñuelos en un café histórico. Dos horas por el corazón de San Petersburgo.