San Petersburgo judío
El San Petersburgo judío: la Gran Sinagoga Coral en estilo morisco, la historia de la comunidad en la capital imperial, sus banqueros y filántropos, y cómo vive hoy.
En un solo día verá usted los dos suburbios más famosos de San Petersburgo y, en cada uno, aquello por lo que se va allí: las salas de gala del Palacio de Catalina en Tsárskoye Seló y las fuentes en funcionamiento del Parque Bajo de Peterhof. Ambos conjuntos figuran en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Los traslados se hacen en coche con su guía, sin trenes de cercanías ni colas para tomar un microbús.
La residencia se construyó a lo largo de casi dos siglos, y en ella se lee el cambio de los gustos: el barroco exuberante de Francesco Rastrelli y el clasicismo severo de Charles Cameron y Giacomo Quarenghi. La fachada azul y oro se extiende 300 metros: bajo la emperatriz Isabel los detalles estaban realmente dorados, y averiguaremos adónde fue a parar aquel oro con el tiempo.
Dentro están la Gran Sala, o Sala del Trono, con sus espejos y una pintura de techo que la recorre entera, una enfilada de salas de gala y la leyenda central de la residencia: la Sala de Ámbar. Regalo del rey prusiano a Pedro I, los alemanes se la llevaron en 1941 y desapareció sin dejar rastro. Lo que verá usted lo recrearon restauradores petersburgueses y se inauguró en 2003.
Tras el palacio viene un paseo por el Parque de Catalina: el Jardín Viejo de trazado formal, la parte paisajista con el Gran Estanque, la Galería de Cameron, la Gruta y el Ermitage. Aquí encajan además las historias de la vida cotidiana de Catalina II: a qué hora se levantaba, dónde conversaba con sus nietos y dónde guardó luto por sus perros.
Pedro I concibió Peterhof en 1712 como respuesta a Versalles, y en materia de fuentes lo superó. El Parque Bajo tiene unas 150 fuentes en funcionamiento y ninguna la mueve una bomba: el agua llega por gravedad por una conducción del siglo XVIII de 40 kilómetros de canales, 18 estanques y 22 compuertas. Este es un caso en que la ingeniería impresiona tanto como la escultura.
El centro del conjunto es la Gran Cascada: terrazas, balaustradas, más de 200 figuras de bronce dorado y Sansón abriendo las fauces del león, cuyo chorro alcanza los 20 metros. Es un monumento a la victoria en la Gran Guerra del Norte, y el león es el emblema heráldico de una Suecia derrotada.
Más adentro del parque están la cascada de la Montaña de Ajedrez con sus dragones, las fuentes Romanas gemelas, la Pirámide con sus 505 chorros, la Cascada del León, la Favorita con su perrillo persiguiendo patos y, por supuesto, las fuentes sorpresa que Pedro instaló para empapar a sus invitados. La ocupación de 1941 no dejó aquí casi nada intacto: el parque reabrió en 1945 y las fuentes volvieron a funcionar en 1946.
Dos residencias en un día es un itinerario apretado, y todo depende de cómo se arme. El Palacio de Catalina admite visitantes en franjas horarias y en verano hay cola, las fuentes de Peterhof se encienden y se apagan según un horario, y los dos suburbios distan hora y media rodeando la ciudad. Un guía y un conductor organizan el orden para que llegue usted a ambos con tiempo y no se le vaya el día viajando y esperando.
Lo segundo es el sentido de la comparación. Tsárskoye Seló y Peterhof los construyeron personas distintas con fines distintos: un conjunto habla del lujo cortesano y del gusto de tres emperatrices, el otro de una victoria naval y de ingeniería. Su guía explica en qué se diferencian y por qué conviene verlos en pareja: cómo cambiaron las modas en materia de residencias, adónde fue el oro de la fachada de Rastrelli, cómo llega el agua a Peterhof por gravedad y qué les ocurrió a ambos conjuntos bajo la ocupación, pues la Sala de Ámbar desapareció sin dejar rastro y Sansón también, aunque este se recreó ya en 1947.
La excursión dura unas 7 horas y se realiza en coche cómodo — sedán, monovolumen o microbús, según el tamaño de su grupo. Le recogemos en su hotel o apartamento y nos ocupamos de los traslados entre las residencias y de la vuelta a la ciudad. Las entradas al Palacio de Catalina y al Parque Bajo ya están incluidas en el precio.
Las fuentes de Peterhof funcionan de finales de abril a mediados de octubre; fuera de esa temporada la ruta se organiza en torno a los palacios y los parques. El Palacio de Catalina se visita en franjas horarias, de modo que el orden exacto de las dos residencias lo acordamos de antemano.
A convenir
| Personas | Precio por persona |
|---|---|
| 1 | 540 US$ |
| 2 | 269 US$ |
| 3 | 186 US$ |
| 4 | 147 US$ |
| 5 | 125 US$ |
| 6 | 110 US$ |
| 7 | 100 US$ |
| 8 | 93 US$ |
| Personas | Precio por persona |
|---|---|
| 9 | 87 US$ |
| 10 | 83 US$ |
| 11 | 79 US$ |
| 12 | 76 US$ |
| 13 | 74 US$ |
| 14 | 72 US$ |
| 15 | 70 US$ |
| 16 | 68 US$ |
El San Petersburgo judío: la Gran Sinagoga Coral en estilo morisco, la historia de la comunidad en la capital imperial, sus banqueros y filántropos, y cómo vive hoy.
Lo esencial de San Petersburgo en tres horas: las plazas del Palacio y del Senado, el Jardín de Verano y el Campo de Marte, la Punta de la Isla Vasílievski y el lugar donde nació la ciudad, contado con historias en vez de fechas.
Una hora por los ríos y canales con su propio guía: la Venecia del Norte desde el agua, los puentes y sus supersticiones, Chizhik-Pyzhik y las inundaciones que rehicieron la ciudad.
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